jueves, 9 de diciembre de 2010

Vida Precaria


A un suspiro de tus labios,
Me detengo, me entorpezco, desaprovecho,
Recapacito y me entristezco,
Voy a alcanzarte y,
Con mis pies lentos avanzo ágil
Sigo persistente los kilómetros de distancia,
No hay manera de desviarme,
La estela temerosa persigue mis pasos
E intercepta mi llegada, me desorienta.
Sigo atenta la ruta, [hacia ti,]
Pisadas de terror van detrás, se acercan
Sin cautela y por mi descuido
Ahora van paralelas, evitando lo absurdo
Siempre a deriva de mis impulsos;

Qué ata, qué obtura, qué estanca
Qué pasa, qué atasca, qué frena
Qué atora, qué traba, qué atranca…

Cuando pude volar, preferí esperar
Tiempo para a otros ojos contentar,

Ellos
, expectantes a la salida
Y mi voluntad, dormida.
Cuando quise volar, el viento golpeó mi cara
Fracaso mi vuelo y arruinó mis alas,
En el suelo quedó el aliento, el deseo
Los acicates se revolvieron, se sumergieron
Por la vasta marea de la ansiedad cobarde;


Qué reprime, qué sujeta, qué sostiene
Qué impide, qué alarma, qué detiene,
Qué entorpece, que apresa, qué contiene…

Así, comprendo lo efímero, [la vida,]
Días completos pasan, desaparecen,
Las oportunidades se pierden,
La aflicción crece,
Tú permaneces;
Y el presente fundido, humeado
Nos llama la atención
Y nos asusta con su:
Víveme que ya me voy.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Lanzamiento revista literaria Malva Antul


VIERNES 26 de NOVIEMBRE
A las 19:00 hrs
En el SOFÁ (Santa Isabel 0151, esquina Bustamante.
Metro Santa Isabel)
ENTRADA LIBERADA


Después de mucho trabajo, interrumpido por los embates de la vida diaria, hace algunos días se terminó de hacer, siempre de forma artesanal y muy independiente, la 1ª edición de Malva Antül.

La revista (bajo la óptica de una Cofradía Morelliana en Fa menor más uno que otro artístico colaborador, enfocados en la dialéctica de la memoria y el olvido), reúne los textos que nuestros compañeros (Teatro, Danza y Arte U. Mayor) nos han regalado para publicar, más los textos de grandes que siempre es bueno re-pasar, más los textos de los grandes pero nuevos que siempre es bueno re-conocer; más las fantasías, los colores (imaginarios), el amor que nos hace existentes, y las aventuras de muchas imágenes, que en colectivo, forman luces de poesía.

El viernes 26 de noviembre, al fin, habrá presentación, lecturas, reflexiones, música de amigos en vivo. Y otros tesoros guardados bajo un árbol secreto. Será una noche llena de folclor y música latinoamericana!

El orden de los grupos para ese día será el siguiente:

* Pablo Cuevas

* Isabel Casas y Fabrizio Labrín

* Ricardo Ruz y José Reyes

* Simón Yáñez y Francisco Rojas

* Amadeus Parra

* Cueca!!!

Entremedio de la presentación de cada grupo, podrán disfrutar de bellas lecturas de los presentes; los invitamos a todos los interesados en leer alguna de sus creaciones, que la lleven ese día, hagan suyo el espacio y nos deleiten con su lectura.


La revista cuesta $500 y se puede fiar.
La entrada a esta casa-collage (SOFÁ) es liberada!

Así que, chochos y henchidos, los esperamos para disfrutar de una hermosa velada!

Todos a compartir!
Y a difundir!


Consuelo, Manolete y Macarena

lunes, 15 de noviembre de 2010

Altavoz

La noche con su helada despertó la ilusión,
sucumbió los temores,
los dejo enredados en la neblina,
derrotados en la espesura,
el viento frío los desvió
a la umbría nocturna.
La decisión estaba,
mas las palabras no llegaban,
el deseo hasta su aliento
había marchitado;
lo recordó unos momentos,
el calor se apoderó de su alma,
cerró sus ojos y los versos
se escribieron con confianza...

Alina no supo en qué momento las tardes de septiembre se habían convertido en la redención de sus días; no encontraba el instante exacto en que se vio envuelta de caricias ilusorias, de pasos no caminados, de conmociones inexplicables sobre su piel. Quiso creer, que era una mala jugada de ficciones primaverales, sin embargo avanzaban los días y su pulsar seguía tan presente en el otoño e invierno de sus sensaciones.

Lo enfrentó en afonía,
sabía la complejidad que la cubría.
Inocente creyó encontrar una salida,
entregarse lejanamente a tu dulce armonía,
disfrutar desde la sinceridad,
lo que se siente amar en otra realidad.
Conocer por primera vez
la sublimidad oculta de nuestros cuerpos,
comprender la hermosura,
maravillosamente,
para mirarte sin importar los géneros,
y caer una y otra vez
a favor de tus deseos.

Manuel resonaba fuerte en su pensar, éstas seis letras se habían convertido en una melodía constante en el divagar de Alina; se veía tarareando contenta al andar, provocando sonrisas al despertar. Hacía su recorrido rutinario y alguna que otra imagen se aparecía en su imaginación y cada trayecto se tornaba distinto con esta oblicuidad.
Cambios rotundos acariciaban su vida, oscilaciones de emociones se volvían latentes en los peldaños de sus diecinueve.

Donde sea que esté, no estoy;
has robado mi presencia
y justicia no quiere mi ausencia;
si me obliga el mundo correcto,
entonces
a alejarme,
que disculpen mi imprudencia,
pero si sentir así
significa sufrir,
por el aluvión de tu amor ,naufragio
palpitando sin fin.

Ensamblada peligrosamente a tus ojos,
consumida completamente por el reflejo,
enviciada fantásticamente por tus labios
suaves,
imaginando fugazmente tu pelo largo sobre mi rostro
rendido;
evadiendo ingenuamente las realidades,
pero ¡basta!,
mucho tiempo el silencio fue mi compañero,
ahora te digo, Manuel, que prefiero
el ruido,
la bulla,
los aullidos,
y transformarlos
sabrosamente en bellos murmullos,
en erizantes susurros de mi boca tímida,
y,
Gritar,
gritar con fuerza,
y que ya no sea mi voz,
la que se escuche,
sino mi latir el que resuene
en las alturas,
como el eco en las montañas.



sábado, 30 de octubre de 2010

¡Precaución con las puertas!




- Comienza el cierre de puertas.

Y las puertas se cerraron frente a su respiración agitada. Quiso sentarse un momento; la corrida desde su casa le había pasado la cuenta y aún así no le había favorecido mucho, estaba media hora atrasada para llegar a su prueba de suelo.

Esperando el próximo tren, se toma el tiempo necesario para sacar su celular y calmarse con un poco de música. Reviso en su mente parte de las frases que en un rato más tenía que presentar; quiso darle el ritmo de las canciones que iba escuchando. Ensimismada en su cuerpo y las melodías, no se percató que el tren ya más de lo común había demorado, sin embargo si sintió cómo había llamado la atención de algunas personas del andén.

Se detuvo y aún con sus audífonos puestos observó intrigada a la gente de su alrededor, buscó detenidamente cada una de sus caras y sin saber cómo se fue envolviendo lentamente en la atmósfera amarga y atormentada que recorría el ir y venir de la línea amarilla.

Cabizbaja se reprochaba, se atrapaba en sus análisis insoportables que no la dejaban respirar tranquila. Reflexiva repasaba sus días y sus tristezas, escudriñaba en su gozo y buscaba la forma de regalar sus sonrisas, pero se esfumaban apenas se insinuaban y perdidas se manifestaron en el subterráneo.

Contemplaba e imaginaba sus historias y sus razones miserables, las compartía y pedía respuestas al encierro ficticio que oprimía sus quimeras. Absorta se quedó ante su imagen reflejada en las ventanas del tren, pasmada entre los pasajeros que descendían no quiso entrar; prefirió seguir descubriendo los viajes escondidos de los emigrantes de la sociedad, desertores de la realidad.

Se movía entre la gente y la absorbía la nostalgia de sorprenderse amarrada a la estructura, como todos los presentes. Sacudía sus pensamientos y encontraba recuerdos que no comprendía, palabras que no las compartía: vacías, conquistadas por la masa, atrapadas en la rutina, vencidas por la mentira, enfermas de consumo, enceguecidas por afanes materiales y morales.

¿En dónde me encontraba? ¿Qué estación había abordado? ¿Qué eran todas estas divagaciones que aparecían sin descanso? ¿En qué momento mi alma se cubrió de prejuicios ridículos y ataduras absurdas?

Los minutos avanzaban, los metros pasaban y pasaban y la gente rotaba en esta maquinaria.La razón que la había llevado a entrar a este naufragio, ya no le importaba, mientras el arte más se aleje de instituciones más arte se vuelve y de libertad alimento mi mente.

Ocupada se mantuvo en las acciones de los que subían y bajaban, a ratos los esperaba frente a las puertas, rogando una salvación. Solo consiguió ojos lejanos y cuerpos egoístas. Estaba ahogada, buscando alguna solución para no llegar a la redención, pero la situación exterior y cotidiana preocupaba y no cesaba.

Tanta confusión la embriagaba y la manipulación del día a día la llevó, incluso, a creer que aquel muchacho, culpable de sus miradas más hermosas, no era más que una idea inexistente en la realidad; una de las tantas ya creadas para sobrevivir en estos días, una imagen intervenida, un ideal más que se desvanece tras la luz de las cortinas… no reconoce si sus lágrimas que recorren su rostro son por no ser correspondida o por la caída de la ilusión… qué importa cuál es la razón, aún así, ella aferrada al desconcierto de que nada es verdad; todo se ha contaminado de grasa y avaricia colectiva…

¿Cómo se hace cuando pasa un día entero sin darte cuenta y cuando recién percibes como avanzaron las horas, sientes un vacío angustioso que abruma tu alma y te cuestiona la necesidad de despertar un día más para repetir el arrase de la humanidad sobre la entidad?

- Tenga cuidado con la separación del tren con el andén

Sin aguantarlo más, se levantó de su asiento una vez más, decidida se acercó lentamente a la línea amarilla. Escuchaba a lo lejos, cómo se acercaba el próximo carro, caminó, caminó y caminó aliviada protegiendo lo único que le quedaba, la utopía del vivir.

lunes, 25 de octubre de 2010

Afonía

"Una vida lejana
se escucha pedir
por su amor sin destino.
Y si la noche la calla
no quiere decir
que se apague su sed.."
[Luis Alberto Spinetta]

La oscuridad cubrió el día, su mirada desafió el frío
y el viento envolvió el temor de sus cuerpos.
Felices se sentían mirándose y de las fronteras, olvidándose.
La hermosa similitud evocaba mis sonrisas,
mis días estaban en el apogeo, en la cima de tus ganas,
mis manos bordeando la osadía,
y mis voces camino a la algarabía.
Pajarillos inmigrantes incentivaban mi impulso,
Sin alterarse por su cielo opacado
canturrean su discurso,
semejante tarareo,
es el que te dedicó sin importar estos días grises
porque tus ojos iluminan este azul triste.

De acuarela dibujé mis alas,
coloridas y firmes las preparé
para ir hacia ti;
tras de mi, sombra mía,
insegura, atenta observadora del camino,
desconfía de las nubes y caídas,
conoce muy bien que ocurriría
si al llegar a tus alturas,
es en vano el gran vuelo.
Me detengo un momento, te miro,
y descubro una vez más la belleza de tus ojos,
largamente estás en mi,
y me doy cuenta que a veces es mejor callar;
que tu mirada condicionada,
es un riesgo que no quiero aceptar…

Callada contemplo la arboleda
que ha crecido por esta conmoción,
y sin hablar adivino el jamás, ¿por qué?
Por tus miradas, disimiles a las mías,
lo sé por tu distancia y mi constancia...

Silencio, compañero,
amigo,
permíteme romperte.
No fomentes más estos
sen ti mien tos…

Mas no dejes hundirme,
ahoga el temor, pero no mi ilusión.

Asustada esquivaba tus ojos
y pensaba que de tanto disimular
perdería la oportunidad
de una mirada de más que una amistad.
Estremecida juego al ocultar
y confundida creo espantarte,
esfumarte,
la idea era ¿apagarte?
En realidad, solo ansío abrazarte;
no quiero un vacío y que la inherencia inventaba
se apoderé de mi aliento…

A ratos, en sintonía,
la mayor parte del tiempo,
tú en lejanía,
apretando los dientes nos encontramos
en este contradictorio presente.

Pero ¡qué equivocada!
evadir y esconder,
caminos imposibles de recorrer
cuando la emoción desborda la carretera,
no me queda más que aceptar esta tregua,
muda de palabras,
libre de sentir,
presa para contarte,
franca al desear no querer incomodarte.

Y tan solo escribiendo estos versos,
inspirados por tu desplante,
tu lenguaje corporal, tu imaginación particular,
tu voz suave, tu rostro dulce,
tu ternura al andar, al hacer y al decir
me siento tranquila, en calma,
porque existen gracias a ti
y conocer un sentir así
es tan difícil como vivir.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Manifiesto de mis días


"Abrazándote
la vida me traspasa,
estoy entero."
[Pedro Aznar]



Pestañeó largamente,
y de un momento a otro se vio sonriendo junto a Manuel,
recorriendo un santiago suburbial,
embellecido primaveralmente por la ingenuidad.
Se encontraron en rincones desconocidos para ambos,
sintieron como sus pasos desplazaban su razón.
Sus pies no cesaban de caminar,
ellos no sabían si lo que vivían era real.
Poco importaba el destino,
nada significaba llegar,
aferrados a la idea,
que si sus manos coincidían en sus cuerpos,
sus caminos concordaban en el final.
Él, atado a su conciencia; ella, entregada a la inocencia.
Él, sublime en sus contradicciones; ella, hallando decisiones.
[En miradas se consumían
y entre sonrisas se pretendían]
Ambos tuvieron una tormenta de sensaciones,
desbordando la libertad en las avenidas de la capital.
No necesitaban derramar palabras para entenderse,
ambos se sentían:
cómodos en lo prohibido,
la complejidad los envolvía y solo en silencio
[se comprendían].

Quisieran imaginarlo
y desafiar lo permitido,
desenfrenarse , besarse hasta desconocerse,
volver a encontrarse, beberse y llenarse
[sin agotarse],
lidiar con la locura,
arrasar con la amargura,
y terminar perenne en la dulzura.


La noche avanzaba,
el adios se hacía próximo a materializarse,
mas, ellos no querían despegarse,
estrujaban los segundos,
creían que uno de los dos se desnudaría de sinceridad,
Manuel aceptando el derrumbe de su primera afinidad,
Alina venciendo el ego de su inseguridad.
Sin embargo, el tiempo pasó y solo perduran intactos
[sus deseos],
el raciocinio conquistó el amor de Manuel,
Alina se perdió en el infortunio
y en cada uno de los lugares que se vió junto a él.



Las calles se sintieron afligidas
se volvieron grises,
[aún más],
se colmaron de recuerdos sombríos,
se agrietaron de apatía,
y al pasar los días,
Alina solitaria,
caminaba con su alma fría.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Argentina

Los 20 en un 20, que coincidencia tan destinada.
Un cumpleaños más en tu vida,
y un cumpleaños más en tu lejanía.

Un septiembre más,
enardecido y disfrazado,
de celebraciones y conmemoraciones,
ocultando realidades y decisiones,
engañando las funciones de nuestros sentidos,
ahogando nuestros ojos de mentiras,
populizando nuestro oídos
excusándose en el presente
para eludir el daño en nuestras mentes...

Si estuvieras aquí en cuerpo
tendría razones para celebrar,
Como no lo estás,
no puedo más que contar,
que mal el mundo me tiene,
y tu ausencia mata mi esencia
en estos días de convivencia.


Agoto mis recuerdos,
desafío el tiempo,
consumo mis sueños,
enfrento la distancia;
mas, ocurre que ni tu ni yo
estamos donde pesamos que estamos,
y coexistimos en duplicidad de emociones,
de estaciones, y por encima de todo,
de constantes mutaciones.
Vivo los días, avanzo los caminos,
freno si acelero,
acelero si freno,
recorro ires y venires,
del mar diario de la ciudad;
pensando en tu partida,
concentrada en tu llegada.

Atenta a tu regreso.

jueves, 5 de agosto de 2010

Ausencia Aparente

"Y siempre vuelve aparecer
con ese no se qué,
que deja sin aliento…”


Que difícil cuando se quiere con todas las partes del cuerpo y del alma, quedas desnudo ante él y a tientas del futuro. Cuando tus palabras hacia aquel repletan la realidad, que necesitas fugazmente desviarte y escaparte a las tantas otras que asechan tu pensar; quisieras llevarte tu amor a aquellas paralelas existencias, para poder desinhibirte sin atropellos ni miedos que te hagan caer en los agujeros de vacilaciones, desequilibrando todas y cada una de tus proposiciones, concebidas en tu apremiada partida.
Que complejo fue quererte, pero que tormento es amarte.



Habían pasado meses y meses, casi dos años en realidad,
Tu ausencia era habitual.
El contorno subyugado de nuestros días parecía natural.
Pasos al abismo aparente eran corrientes,

Alina pasaba veinticuatro horas de pausas inexistentes, sin perturbar su actuar maquinal. Escondida de las habladurías, todos los días recordaba su lejanía.
Con dificultad se moldeaba en los días, Mas acérrima a su ironía, se encapuchaba en su amor y sonreía su dolor. Tu carencia fue la respuesta, del miedo que la desterró a semanas sin fulgor.



Apareciste, de pronto,
permanente en la oscuridad,
intermitente al despertar.
Todo de mi se quiso acercar,
y mis deseos, sin duda,
dispuestos a retratar,
cada recuerdo atrapado
en nuestra ansiedad.
Un concepto que no quisimos
fuese nuestro;
por temores incrustados en mi piel,
que no fui capaz de desvanecer.
Aún así,
el descontento no fue suficiente
para entender el camino que recorrían nuestros pies.
Sin embargo, te digo que comprendí
que el no-destino es lo que elegí,
de otro modo, no estaría aquí
derramando mis sentimientos hacia ti.


Por veredas viejas Alina dirigía sus pasos. Vaga en sus palabras, en sus versos revueltos. Corría dejando atrás sus frenos, nada la espantaba, había por fin corrompido sus titubeos. Transitaba con la conciencia atenta, dispuesta a arrojarse a tu presencia. Y un jamás no la desalentaba, como años atrás si la desgarraba.

lunes, 28 de junio de 2010

Desencuentros al almuerzo

Rompiendo con toda posibilidad
De que se cumpla lo inesperado
Sentada, no en frente ni al lado,
Sino justamente en la silla que espera
En todas las ocasiones, en distintas situaciones,
En todas las habitaciones,
Menos en la mía,
Porque ocupé ese lugar.
Mas, entre sueños y desaciertos,
Te imagino arribando,
Arruinando dulcemente
Mi hipótesis de corazón solitario.
Quiero recibirte, quiero tocarte
Quiero, quiero, de verdad te quiero.
Los diferentes colores dentro de mi boca
Hicieron su efecto,
Me engañan, me mienten
Y así, desapareces lentamente.

¿Qué puedo hacer?
¿Por qué cada vez que vienes
Es por tan poco tiempo?
Será acaso una más de tus jugarretas,
Esas de amantes torpes,
La apariencia de un rico almuerzo,
Cuando realmente
Es solo el pedido, mi pedido.
¿Me acompañas?
Si puede hacerlo Aznar
Por tanto rato,
¿Qué te lo impide?

¡Si!
Ahí apareces de nuevo,
Ven, hay espacio
Incluso podría ponerte un puesto.
Golpes de ladrillos de colores
Todo está naranjo,
Un poco rojo, un poco blanco.

¡No!
Te marchaste,
¿Por qué cada vez que vienes
Te vas tan luego?
Si con Spinetta estoy varios minutos
¿Qué pasa contigo?

Dejaré los frascos,
Los boté,
Los tiré al suelo,
Pero así no vendrás,
Así lo recuerdo
La última vez que los lancé.

Es el Manu
El que se escucha ahora
Sublime entre nosotros,
Con una dosis de infortunios
Yo decido no almorzar.
Con sobredosis de ilusiones
Tú decides no venir más.
Entre rimas inexpertas
Estas palabras llegan al final,
Al igual que el respirar
De esta alma quebrantá.

jueves, 17 de junio de 2010

Tiempos perdidos



Terminó el libro y afligida se mantuvo todo el día, sin poder responder su pregunta.
- ¿Dónde están? – preguntó.
- A un costado de tu cama. – Respondió su madre, que llegaba inoportuna a su pieza.
- ¿Dónde están? – Insistió con amargura.
- Ya te dije, ahí… te las dejé al lado de esa chorrada de libros que tienes en tu velador.

Entonces comprendí que conversarlo con mi madre sería un error. Tomé las llaves, disimulando gratitud, no era esa la respuesta que buscaba. Aunque, teniéndolas en mis manos divisé una salida.


Se acercó rápidamente a Luisa, su madre, le da un cauteloso beso en la mejilla con aires de ausencia y ansiosa sale de su casa.
- Marcelita ¿Para dónde va? – alcanza a gritar Luisa desconcertada.
- … por ahí…- se escucha a lo lejos.

Marcela caminó horas por los suburbios de su sociedad, enceguecida en un pasado del cual no fue dueña, pero que hoy vive sus consecuencias. Acorde con sus pasos, de su boca se escuchaba una suave y delicada canción que a medida que avanzaba se hacía más segura; poco a poco se vio ensimismada en su canto, cada persona que la rozaba al caminar cambiaba su ritmo y luego retomaba su andar lento y entristecido. Así fue desahogándose cuando escucha:

- ¡Marce! – grita una voz conocida

Marcos era un hombre que se salía del hombre tipo de la ciudad (luego Marcela supo que venía del sur), su estatura coincidía como de cuento con la comodidad de Marcela para dormir sobre su hombro, era delgado pero dueño de los abrazos más cálidos que recibió en su juventud, tenía un color de piel que se mimetizaba magistralmente con hojas otoñales recién caídas de los árboles. Su pelo chascón con ondas grandes y secas, le pedía a gritos un pañuelo en la cabeza. Pero a Marcos no le hacía falta ni un pañuelo, ni pantalones alefantados, ni escuchar sui generis para retratar un tiempo perdido (eso no quita que no los usara o no los escuchara); solo conversando, Marcela pudo darse cuenta de que compartían mucho más que la edad y las mismas zapatillas.

- ¡Marce!

Vencí todas las posibilidades improbables que opacan mis días. Ahí estabas, coloreando las grises mañanas en la ciudad; bajo mi encapotado deseo te encontrabas, mirándome. No pude acercarme. Todos y tú iban, yo venía; mas ahí seguíamos fieles, mirándonos. El frío ardía en nuestros cuerpos, impidiéndonos pretendernos. Multitud de inseguridades avanzaban fugaces en la estación, creí encontrar tu mirada y sonreí; imaginé tu sonrisa de vuelta desbordando los límites. Por segundos fantasee en el mar, creyendo que las burbujas te harían llegar a mí. No fueron las burbujas, fuiste tú, acérrimo a tu voluntad.

- Pequeña Marcela, no pensé encontrarte por estos lugares…
- Yo tampoco… solo caminé y aquí llegué. ¿Vas a tu casa? – responde nerviosa.
- No, andaba por aquí conociendo el famoso centro de Santiago. – Marcos ríe sin dejar de mirarla.
- Me parece… ¿ya has recorrido bastante o no?
- La verdad es que si, ahora sería perfecto…
- …ir al Parque Forestal – Marcela lo interrumpe. ¿Vamos?

Solo bastó una mirada de Marcos para que Marcela comprendiera su respuesta y de un momento a otro se encontraran tirados en el pasto disfrutando de un bello abril. Sin percatarse de la ausencia de luz, oscureció y el frío se apoderó de sus manos, de sus pies, de su piel. Marcos quiso acercarse a ella para regalarle un poco de calor, sin embargo Marcos tuvo miedo de que descubriera el ardor que provocaba tenerla tan cerca. Marcela disimulando la sonrojes de su rostro le da un abrazo tímido, pero lleno de pasión.
Su tarde fue intensa, converso por fin lo que no se atrevía a pronunciar por parecer resentida o acercarse a la locura; su asombro fue cuando supo que Marcos coincidía en su divagar. Ambos ausentes en el círculo de la humanidad, distraída en intereses que no compartían. Ambos añorantes de un nacer distinto y anticipado. Ambos ansiosos de libertad real, no con la que los engañan día a día. Ambos felices de compartir sus tormentos. Ambos disueltos en un licor de sueños sancionado por disturbios en la ciudad.

Desde ese día Marcos y Marcela salían todos los días de su casa a caminar por el centro de Santiago sin saber si se encontrarían o no, las rutas cambiaban, los caminos eran distintos, sin embargo siempre hallaban la forma para que sus pisadas coincidieran y sus miradas se tropezarán en la última esquina de sus trayectos. Era una historia como la de Horacio y la Maga, pero vivida en Chile, andaban sin buscarse pero sabiendo que andaban para encontrarse…

Los días transcurrieron fugaces, tal como un vuelo incesante en primavera. Sus corazones enguatados, sin poder más de cariño, de compañía, de amor; y a la vez, repletos de dolor. Sin poder explicarse por qué aún estando juntos, su congoja no cesaba. Una fiesta de acontecimientos y de ideales marchaba en sus mentes. Quisieron bailar juntos en ella, pero nadie más quiso aceptar la invitación.
Comenzó la desesperación de Marcela. La gente, las calles, el gobierno, terminaban por consumirla. La música y las palabras la envolvían.
La misma sensación de hace un tiempo volvía y no quería arrastrar a Marcos a su aflicción. No aguantaba el abatir de su razón, ni la zozobra del vivir.

No quería el mismo camino para Marcos. Me alejé y desvanecí rápido entre cuerdas y amarres.


Cuando Marcela no contestó sus llamados, Marcos supo que había llegado el día y espero amargo y quebrantado, la noticia de Luisa.

Atormentado por tu ausencia. Tranquilo por tu partida, te acompaña lo que la sociedad nos arrebató, nuestro amor.

viernes, 7 de mayo de 2010

Sociedad


"De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que esta ahí esperando..."
Mario Benedetti.





Un sonido de luz se asomó por la ventana
Y tenuemente se posó tras las cortinas.
Pestañeé y abriendo los ojos desperté.
Creí que eran las piedritas contra mi ventana,
Que me visitaban nuevamente en estos días;
Sin embargo, rápido me percaté
Que ese ruido no existía en realidad,
Boba e imprudente,
Era la sociedad.
Asecharon mi cabeza
Retumbaron en mi mente
Y sin duda
Consumieron mis deseos.
Quise no escuchar
Algo remecía el espacio
Susurros intranquilos
Desafiándome.
Vientos inquietos,
Enfrentándome.
¡No! grité y grité
¡No! ¡No! ¡No!
No la abriré.
Porque si la abro
Ya no será la alegría
La que entre, la que alivie.
Será su antónimo
El que arrase, el que moje.

Y caerán las gotas, gotas que no existen y duelen. Gotas de dudas, de pasado, de mañana y de mañana también. Gotas de locura, que animan y desesperan. Gotas reales, que simplemente agotan. Prefiero quedarme aquí; retirada de ti, sin ánimos de fingir que salir es el remedio para que te vayas por fin.

Para que te vayas por fin.

domingo, 7 de marzo de 2010

Fluir Nocturno


A Noelia la atrapa la noche; se ve sumisa ante ella, de alguna manera encerrada; no le queda más que esperar ocho horas para ver amanecer. Se podría decir que está en prisión, sin escapatoria por ocho horas. Noelia es libre a medias, aunque en el día también soy libre a medias, se dice a ella misma. ¿Qué es lo que cambia? ¿el sol? Claro, se esconde y ¿con ella, qué ocurre? Se esconde también, Noelia juega a las escondidas más largas en sus pensamientos, divaga en sus dudas, se remueven sus entrañas y comenta, sobre ella, sobre ti; pero no sobre nosotros, no existimos más, se dice nuevamente.
Vuelan preguntas, la oscuridad la invade, sin embargo se ilumina su mente. Se pregunta cuándo regresarán los pájaros que emigraron en busca de buen tiempo, ¿lo encontraron? Todos los años los ve irse, y su regreso es incierto: será que justo vuelven cuando ella duerme y no cantan para no despertarla o será que solo encontraron ese buen tiempo. Sí, es eso.
Mañana me iré volando como un pájaro, emigraré como un ave, me alejaré como la luz, escaparé como los humanos; si tengo suerte también lo encontraré, nada se pierde yéndose de un lugar que no quieres, no habrá nada peor que permanecer inmóvil junto a la ráfaga del egoísmo, no creo que más allá exista la sociedad.
Ahora comprendo por qué preferías la noche, me iré como tú lo hiciste, despacio en la soledad; Noelia también la prefiere.
[A propósito de una conversación con etcetero.]

jueves, 21 de enero de 2010

Sublimidad musical



No fue sino hasta hoy que Amanda comprendió lo que tanto se demoraron en explicarle sus profesores y sus compañeros. Recién hoy, cada palabra que leyó de los grandes intelectuales, tenían sentido. Kant y Lyotard, ya no eran extraños en su vocabulario y en su pensar; podrían estar tranquilos, ya que Amanda no dejó pasar por alto sus filosofías. Hoy feliz, descubrió la sublimidad a la que se referían.
Con ganas de sufrir, Amanda caminó una vez más – como todos los jueves – por la calle Santo Domingo, dirigiéndose al edificio viejo y mal cuidado que se encontraba en la esquina con Teatinos. Aquel, que había sido inaugurado como centro musical de la chilenidad hace dos años atrás, era el lugar cómplice de los días de angustia para Amanda.
Mientras más avanzaba, más insegura se ponían sus piernas y más era el calor que sentía correr por su piel, creyendo incluso que la ropa la quemaba; por lo que sus manos iban directo a sacar su polera, cuando ya sin darse cuenta sus pies habían caminado tanto que se encontraban en la entrada de la sala y frente a la orquesta juvenil. Los ojos de Gabriel la aterrorizaron tiernamente y sin controlar su cuerpo lo saludó torpemente con su mano sudorosa. El ríe tímido, ella no hace más que bajar la mirada y sentarse, dispuesta para presenciar la composición del músico de pelo largo.
Transcurrían las notas y poco a poco Amanda iba preparando su viaje con mayor ardor, la música se apoderó de ella y solo esa melodía era capaz de navegar profundamente por los rincones de su mente; solo Gabriel tenía el permiso de tocar hasta la última nota de su cuerpo, así sobrevivía los minutos, fantaseando su felicidad, imaginando el contacto de sus dedos en su piel. Así iba descubriendo paulatinamente que aquella perfecta y hermosa, era la composición del fin.
Todos los jueves sin saberlo, se disponía a ser devorada por el sufrimiento de un amor fervoroso con puertas cerradas, en donde solo las miradas eran las encargadas de dar una pequeña luz de posibilidades a través de una poderosa cerradura dueña de un corazón atascado. Por ahí podía apreciar el deseo, la fogosidad y la pasión de un amor no correspondido. Por lo que cada compás interpretado por Gabriel, la guiaban por el dulce camino al dolor.

Al jueves siguiente, Gabriel se extrañó de no ver la dulce cara de Amanda por la sala, sonriente y ansiosa, como era de costumbre. Por lo tanto, apenas terminó la presentación, fue a su casa para confesarle por fin que la composición de hoy y todas las anteriores tenían una solo una razón de ser: ella, ella con sus fervientes labios y su intensa mirada. Al llegar a casa de Amanda, tocó el timbre y se encontró frente a frente con ojos perdidos y afligidos por un sollozo que al parecer aún no cesaba. Con una suavidad característica en su hablar, preguntó por Amanda y mientras su hermana le respondía con palabras angustiadas y entrecortadas;
- …ocurrió hace una semana, y no encontramos más que un cassette y un libro de García Márquez sobre su cama. No entendemos que pasó, por favor pase, le mostraré una grabación que aún no hemos podido averiguar de que es, creemos que…
Gabriel vagaba sin sentido en su tormento, se distraía en sus recuerdos, en sus composiciones, en su amor. Desconcertado y confundido se dirige a la pieza, abriendo la puerta su mirada se quedó inmóvil en la cama de Amanda que en más de un sueño se vio entre sus sábanas junto a ella. Gabriel tratando de disimular sus dedos temblorosos, toma el cassette para escucharlo… no fue mucho lo que tuvo que escuchar para darse cuenta de la melodía que se desprendía; Gabriel perturbado, por primera vez sintió de verdad su creación y comprendió cada una de las visitas de Amanda; descubriéndose, guardó el libro sintiendo el calor y la delicadeza de las manos de Amanda sobre él, lo apretó fuertemente soltando una lágrima y lamentándose por su tardanza. Despidiéndose de la hermana, emprendió la vuelta a su casa, un largo y eterno regreso. Al llegar a su casa no pensaba más que en la imagen de Amanda los jueves por la tarde, sentada siempre al costado izquierdo de su sala. De inmediato supo que esas tardes ya no existirían más y fue así como días después, sin soportarlo Gabriel fue generoso con ella y al igual que Amanda, Gabriel conoció el cianuro de oro y fue testigo de la sublimidad musical.